GISELLE Melchor
El festival Tierra de los Muertos, que durante los últimos años se realizó en San Pablo Villa de Mitla bajo una propuesta enfocada al turismo internacional y experiencias de lujo inspiradas en el Día de Muertos, anunció que su edición 2026 se llevará a cabo en la Ciudad de México.
Sin embargo, la campaña promocional encendió una nueva controversia al utilizar la frase “Esto no es Oaxaca”, considerada por artistas, promotores culturales y usuarios de redes sociales como un mensaje ofensivo y una estrategia de marketing que desacredita al estado del que el propio festival obtuvo su identidad. El evento se promocionó como una experiencia de música, arte y gastronomía basada en la esencia de Oaxaca.
El cambio de sede ocurre en medio de señalamientos que persisten desde la edición 2025. Integrantes de la escena electrónica, artistas, proveedores y colaboradores locales han denunciado públicamente presuntos adeudos por servicios prestados durante el festival, además de malos tratos y discriminación, acusaciones que han deteriorado la imagen del proyecto entre el gremio cultural de Oaxaca.
A ello se suma un debate que acompañó al evento desde su llegada a Mitla, la comercialización de elementos de la cultura oaxaqueña mediante un festival con boletos de alto costo, dirigido principalmente al mercado extranjero, mientras que gran parte de la población local quedaba al margen de la experiencia.
Las críticas también han reavivado la indignación por los casos de envenenamiento masivo de perros ocurridos en Mitla durante 2025. En redes sociales circularon acusaciones que intentaron vincular estos hechos con los preparativos del festival; sin embargo, hasta el momento no existe evidencia pública ni resolución de autoridad que demuestre una participación o responsabilidad de los organizadores del evento en esos actos.
La nueva campaña publicitaria ha profundizado el debate sobre los límites entre la promoción turística y la apropiación cultural. Para diversos sectores culturales, la frase “Esto no es Oaxaca” simboliza una contradicción de un festival que construyó su prestigio utilizando la riqueza cultural, espiritual y comunitaria de #Oaxaca ahora se traslada a otra ciudad, mientras deja pérdidas para artistas que no recibieron el pago acordado.

