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Más allá de la política; la Guelaguetza

Escrito por Redacción Diario El Fortín
martes 28 de julio, 2026
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Por Daniela Taurino
Con el segundo lunes del cerro, Oaxaca cierra el capítulo más importante de su calendario cultural. Durante dos semanas, la entidad volvió a demostrar que la Guelaguetza no es únicamente una fiesta; es la expresión viva de un pueblo que ha sabido preservar su identidad a través de generaciones.

En tiempos donde la política suele estar marcada por la confrontación, la Guelaguetza ofrece una lección distinta: la de la unidad. En el Auditorio del Cerro del Fortín no hubo colores partidistas ni diferencias ideológicas que pudieran opacar el verdadero protagonismo de las comunidades indígenas, afromexicanas y de los pueblos que hacen de Oaxaca un estado único en el mundo.

Sería injusto no reconocer el esfuerzo del gobierno encabezado por Salomón Jara Cruz, que asumió el reto de consolidar una celebración de talla internacional sin perder su esencia popular. La organización de una festividad de esta magnitud implica logística, seguridad, promoción turística, movilidad y coordinación institucional; un trabajo que pocas veces se aprecia porque, cuando las cosas salen bien, suele darse por hecho.

Los resultados hablan por sí solos. Miles de visitantes nacionales y extranjeros recorrieron las calles de Oaxaca, abarrotaron hoteles, restaurantes, mercados y espacios públicos. La derrama económica benefició a artesanos, cocineras tradicionales, músicos, comerciantes, transportistas y a cientos de familias que encuentran en esta temporada una oportunidad para fortalecer su economía.

Pero el mayor éxito de la Guelaguetza no puede medirse únicamente en cifras. Su verdadero valor está en haber recordado que Oaxaca posee un patrimonio cultural que ningún otro estado puede presumir con la misma riqueza. Cada delegación que subió al escenario llevó consigo siglos de historia, tradiciones y orgullo comunitario.

La política también debe aprender de esa enseñanza. Gobernar no solo consiste en administrar recursos o construir infraestructura; también implica proteger aquello que da identidad a un pueblo. La cultura no es un gasto: es una inversión en cohesión social, en turismo y en el prestigio de Oaxaca ante México y el mundo.

Con la Octava del Lunes del Cerro concluye la fiesta, pero permanece el compromiso de seguir fortaleciendo una tradición que pertenece a todas y todos los oaxaqueños. Porque la Guelaguetza trasciende gobiernos, partidos y coyunturas: es el rostro más noble de Oaxaca y un recordatorio de que, cuando un pueblo comparte, también construye su futuro.

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